Uno de los principales secretos del Estudiantes de Zubeldía es que su formacion presentaba un equilibrio casi perfecto: cada uno le daba al compañero lo que al compañero le faltaba y recibía, al mismo tiempo, lo que le faltaba a el.
En el centro de la defensa, Ramón Aguirre Suarez, un tipo fuerte, recio, que rompía el juego con sus salidas, y Raúl Madero, dueño de una técnica depuradisima, que le cuidaba las espaldas. Uno te mataba y el otro te la sacaba de taquito. Madero, también, mas de una ves jugó de volante central.
En el medio, nadie se quedaba quieto, Carlos Bilardo era el mas inteligente, el mas frío, el que sabía leer el partido, era la representación de Zubeldía dentro de la cancha. Era el hombre en el que mas confiaba el DT.
Carlos Pachamé, el cinco, ofrecía una entrega de mil por mil, luchaba desde el primer al ultimo minuto, se complementaba con la inteligencia de Bilardo y la técnica del Bocha Flores o de Juancito Echecopar, que jugaban de diez, aunque también corrían al rival hasta su propia area.
Arriba habían 2 tipos que se cruzaban permanentemente: Felipe Ribaudo y Marcos Conigliaro, Ribaudo arrancaba por la punta derecha, pero como había sido 9, solía tomar por sorpresa a los marcadores.
Alguna ves, el legendario Rinus Michel, el técnico holandes creador de la naranja mecánica, confensó que tomó en cuentas aquel movimiento de pinzas de los delanteros de Estudiantes para omprimirles ciertas caracteristicas al ajax y a la Selección de su país. De esta manera consiguieron un funcionamiento perfecto.
Quedan para el final dos valores destacadisimos de Estudiantes, La Bruja Verón, que por intuitivo y genial hacía lo que quería: era inteligente para jugar y sabía buscar lo que más le convenía. Gambeteador y gran improvisador. Todos en ese equipo tenían un cierto ordenamiento táctico que cumplir, menos Verón, que era libre. Y el flaco Poletti: un arquerazo terrible, muy joven y con unas condiciones barbaras. Tenía los reflejos de un atajador y al mismo tiempo venía de la escuela de Errea y de Gatti, de sus tiempos en Atlanta, por lo que sabía jugar con los pies.
Fuente: Eduardo Rafael, periodista del diario Cronica


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